– ARTÍCULO–
Poemas de Wisława Szymborska: un acercamiento al duelo y la pérdida
Alexandra Acosta
fiofiestas@gmail.com
Retratar el sufrimiento colectivo (producto de guerras, catástrofes y otros infortunios) exige un humanismo cauto. Wisława Szymborska logró encontrar la distancia contemplativa precisa para narrar temas complejos con un lenguaje sencillo. Quizás fue esa lucidez del detalle, sin caer en el sentimentalismo vacuo, lo que convirtió su literatura en una de las voces polacas más traducidas del siglo XX.
Nació en 1923 en Prowent (hoy parte de Kórnik), Polonia, pero se crió en Cracovia desde 1931, ciudad donde vivió la mayor parte de su vida y que ejerció una gran influencia en su obra. Vivió la Segunda Guerra Mundial siendo adolescente, trabajó como empleada ferroviaria y estudió Lengua y Literatura Polaca y Sociología, carrera que no concluyó por problemas económicos. Fue miembro del Partido Obrero Unificado Polaco entre 1945 y 1966, pero se fue distanciando hasta adoptar una postura crítica frente a los abusos del estalinismo y la falta de libertades, lo que afectó directamente a la publicación de sus obras.
Hoy, en medio de acontecimientos trágicos, nos refugiamos en la poesía como un medio para volver a conectar y como un sostén mientras nos permitimos sanar. Por eso hemos recopilado cuatro poemas que nos permiten observar la vida y sobrellevarla en su cotidianidad.
Fuente: Newsweek
Un gato en un piso vacío
Morir, eso no se le hace a un gato.
Porque qué puede hacer un gato
en un piso vacío.
Trepar por las paredes.
Restregarse entre los muebles.
Parece que nada ha cambiado
y, sin embargo, ha cambiado.
Que nada se ha movido,
pero está descolocado.
Y por la noche la lámpara ya no se enciende.
Se oyen pasos en la escalera,
pero no son esos.
La mano que pone el pescado en el plato
tampoco es aquella que lo ponía.
Hay algo aquí que no empieza
a la hora de siempre.
Hay algo que no ocurre
como debería.
Aquí había alguien que estaba y estaba,
que de repente se fue
e insistentemente no está.
Se ha buscado en todos los armarios.
Se ha recorrido la estantería.
Se ha husmeado debajo de la alfombra y se ha mirado.
Incluso se ha roto la prohibición
y se han desparramado los papeles.
Qué más se puede hacer.
Dormir y esperar.
[…]
El fragmento pertenece al poema publicado originalmente en 1991 en la revista Odra e incluido posteriormente en el poemario Fin y principio (Koniec i początek), de 1993.
Nada sucede dos veces
Nada sucede dos veces
ni va a suceder, por eso
sin experiencia nacemos,
sin rutina moriremos.
En esta escuela del mundo
ni siendo malos alumnos
repetiremos un año,
un invierno, un verano.
No es el mismo ningún día,
no hay dos noches parecidas,
igual mirada en los ojos,
dos besos que se repitan.
[…]
El fragmento pertenece al poemario Wołanie do Yeti (Llamado al Yeti), publicado en 1957.
Adiós a las vistas
No guardo rencor a la primavera
por haber vuelto.
No la culpo
de cumplir con sus deberes
año tras año.
Comprendo que mi tristeza
no detendrá el verdor.
Si la hierba vacila
se debe solo al viento.
No me duele que los alisos
inclinados sobre el agua
vuelvan a tener con que susurrar.
Acepto de buen grado
que —como si aún vivieras—
la orilla de cierto lago
siga tan bella como antes.
No les reprocho a las vistas
las vistas a un bahía
deslumbrada por el sol.
Con el privilegio de la presencia.
Presento mi renuncia.
No he vivido más que tú,
sino solo lo bastante
para pensar de lejos.
[…]
El fragmento pertenece al poemario Fin y principio (Koniec i początek), de 1993, tres años antes de que Szymborska recibiera el Premio Nobel de Literatura.
Fin y principio
Después de cada guerra
alguien tiene que limpiar.
No se van a ordenar solas las cosas, digo yo.
Alguien debe echar los escombros
a la cuneta
para que puedan pasar
los carros llenos de cadáveres.
Alguien debe meterse
entre el barro, las cenizas,
los muelles de los sofás,
las astillas de cristal
y los trapos sangrientos.
Alguien tiene que arrastrar una viga
para apuntalar un muro,
alguien poner un vidrio en la ventana
y la puerta en sus goznes.
Eso de fotogénico tiene poco
y requiere años.
Todas las cámaras se han ido ya
a otra guerra.
A reconstruir puentes
y estaciones de nuevo.
Las mangas quedarán hechas jirones
de tanto arremangarse.
[…]
El fragmento pertenece al poemario Fin y principio (Koniec i początek), de 1993, considerado una de las obras más influyentes de su trayectoria.
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